al tiempo
que perdía
la conciencia.
Empezaron sus manos
a tomar sentido
y percibí
la provocación
que tenía su boca
cuando me llevaba
al punto de la locura.
Sus pezones
eran un lenguaje
fundiéndose como el oro.
Sonrió lascivamente
desde arriba
y sentí
un chorro caliente
que me convirtió en cenizas.
José Manuel Acosta.
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