Mis ojos son un escapulario de horas sin esperas
tan solo me cabe un minuto, el que llevará mi muerte con
sigilo
y me iré despacio sin hacer ruido, no tanto como cuánto te
amé
que antes de irme por
la calle del olvido, tú serás mi último grito.
Mi ausencia no te causará dolor, porque ni la tierra
pondrá fin a mi silencio si hasta tu nombre con mis versos
allí escribiré,
allí, donde el alma no me habrá vencido
si con ella te he amado y en ella has vivido.
Cómo no te voy a escribir mis versos
si donde agoniza la tinta de mi pluma agoniza mi razón,
y no estoy fingiendo, ¡no!, no estoy fingiendo
cuando escribo un te quiero con mi boca
y un te amo con el corazón.
Cuando sientas mis palabras en soledad,
pon un beso en la almohada
si tus ojos te impulsan a llorar,
que allí pondré mi boca para besarte
y tus lágrimas no se derramarán
porque me beberé todo el aliento que haya creado alguna
distancia.
Cuando sientas frío en tus manos,
abre estos versos que fueron escritos para ti
y allí estaré siempre, siempre abrigándote en un rincón.
José Manuel Acosta.
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